Ciudad ejemplo de economía circular

Perspectiva

Por Moisés Gómez Reyna (economista)

Debido a los millones de toneladas de basura que generamos los seres humanos en el planeta, hoy los rellenos sanitarios, pero también ríos, desiertos, bosques y mares se encuentran saturados de nuestros desechos.

Solamente en 2022, la humanidad generó un total de 62 millones de toneladas de desechos electrónicos, cifra equivalente a un millón y medio de camiones que, puestos en fila, darían la vuelta al mundo por el Ecuador, de acuerdo con el Informe Mundial de Residuos Electrónicos 2024.

En el caso de nuestro país, se estima que generamos poco más de 42 millones de toneladas de residuos sólidos de todo tipo al año, cantidad con la que se podrían “construir” 175 pirámides del Sol (en Teotihuacán), pero de basura.

Bajo ninguna circunstancia este daño al medio ambiente debe continuar. Ciudadanos, empresas y autoridades municipales y estatales de todo el país, tenemos que tomar medidas y acciones contundentes para proteger los ecosistemas y a la biodiversidad. 

Un ejemplo a nivel internacional, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), es la ciudad de Osaki, ubicada al suroeste de Japón y que cuenta con una población de poco más de 12 mil habitantes.

Esta pequeña comunidad es un ejemplo mundial ya que el 80% de sus residuos son reciclados.

Hace unos años, cuando el relleno sanitario o vertedero de Osaki alcanzó su capacidad máxima, el siguiente paso lógico era construir una planta incineradora de residuos. Pero en vez de abonar más a la contaminación, la ciudad prefirió tomarse en serio el reciclaje.

En esa localidad, los residuos se clasifican en 27 categorías diferentes y como no hay planta incineradora, las bolsas azules van directamente al relleno sin incinerarse, mientras que las otras 26 categorías se clasifican y reciclan adecuadamente.

Por ejemplo, los desechos plásticos se separan en distintos tipos y luego se comprimen, para posteriormente llevarse a fábricas de reciclaje repartidas por todo Japón.

En el caso de los restos de comida, éstos se recogen tres veces por semana en un sesto azul y se trituran en trozos más pequeños. Por otra parte, se recolectan plantas podadas, las cuales se mezclan con los restos de comida. 

Las plantas podadas contienen microorganismos que al descomponerse, convierten a todos los residuos de comida en un rico abono, el cual prácticamente se emplea en su totalidad en las granjas instaladas en Osaki.

La realidad es que aunque estamos hablando de un país de primer mundo, lo que están haciendo no es nada de otro planeta, es sencillo y puede practicarse en cualquier otro lugar, incluido nuestro país. 

De hecho, un proceso similar ya se ha introducido en Indonesia, pues funcionarios de la ciudad de Osaki y personal del centro de reciclaje fueron allí para demostrar las técnicas de separación y compostaje de residuos alimentarios. 

Esto, sin duda, puede convertirse en una solución factible, y además con beneficios económicos, para muchos países que hoy gastan miles de millones para hacer frente al problema del manejo de residuos sólidos.

Quizás lo más complicado sería hacer entender a muchos ciudadanos que no están conscientes sobre los niveles de contaminación que enfrentamos, pero para ello los gobiernos pueden realizar campañas de concientización sobre lo que ocurre con los productos que desechamos después de usarlos y lo complejo y costoso que es hacerse cargo de esos residuos. 

Una concientización profunda de los ciudadanos y las empresas en este tema abrirá el camino para el reúso, reciclaje y reducción de los desechos sólidos.  

Sin duda este cambio de mentalidad no será fácil, pero tampoco tenemos opción, debemos hacerlo con la misma disciplina y determinación que en su momento lo hicieron los ciudadanos de Osaki. 

Twitter: @GomezReyna