Gerardo Ponce de León Ramos / Reportes PDL
*De 2021 a noviembre de 2025 han intentado donar sangre 17,907 personas.
*Solo 5,422 han cumplido los requisitos médicos.
*Solo el 3.4% de las donaciones son altruistas.
*Información recibida de la Coordinación de Donación de Sangre en Sonora
“Felicidades, acabas de donar vida”. Eso fue lo que me dijo el doctor la última vez que doné sangre. Pero la primera vez que entré a un banco de sangre no lo hice pensando en salvar a nadie. Tenía 18 años y, para ser honesto, fui porque necesitaba un justificante para la preparatoria. Un trámite más. Un papel que me permitiera faltar a clases sin consecuencias.
Lo que no sabía es que esa decisión, tomada casi por conveniencia, me iba a cambiar la manera de ver la donación de sangre. Porque después del proceso vino algo inesperado, el agradecimiento. No conocí a la persona que recibió la sangre, pero supe que alguien, en un momento crítico, pudo salir adelante gracias a algo que yo había hecho casi sin pensarlo. Ahí entendí que donar sangre no es un favor menor ni un simple requisito médico: es un acto de enorme valor humano.
En nuestro estado, desde septiembre de 2021, más de 17 mil 900 personas se han acercado con la intención de donar sangre; sin embargo, solo 5 mil 422 lograron cumplir con los requisitos médicos para hacerlo. De ese total, apenas el 3.4% realizó la donación de manera voluntaria y altruista. Este dato revela un problema de fondo: seguimos reaccionando más por urgencia que por convicción. Y eso es grave, porque la sangre no se consigue de un momento a otro, no se improvisa ni aparece cuando la emergencia ya está encima.
Además, el impacto de una sola donación es mucho mayor de lo que solemos imaginar. De una unidad de sangre se pueden obtener distintos componentes —glóbulos rojos, plasma, plaquetas y crioprecipitados— que permiten ayudar hasta a cuatro personas diferentes. Cuatro historias, cuatro familias, cuatro momentos críticos que pueden resolverse gracias a un solo donador que decidió acudir sin esperar a que hubiera una emergencia.
Aprovechando que es diciembre, un mes de balances y de pensar qué vamos a hacer distinto el próximo año, tal vez valga la pena incluir algo tan simple como la donación de sangre entre esos propósitos. No como un acto extraordinario, sino como un hábito. Dejar de verlo como tiempo perdido y empezar a entender que no solo estamos donando sangre, sino que estamos donando vida.



































