“El Chavalo”, con el PRI a cuestas · Lo que faltaba: Un payaso sacrílego

CARRUSEL
Por Víctor Fausto Silva D.

Pues no: ni el sol salió por otro lado y mucho menos se vislumbró el apocalipsis con la salida de Julio César Amparán y su gente del PRI en Huatabampo.

Los festejos siguen por rumbos de la fórmula que por el PT encabeza Beto Vázquez, pero en la alianza opositora optaron por minimizar el hecho, con el cerrojazo esperado: que ahí nadie está a fuerzas y que las puertas están bastante anchas para los que quieran irse.

Eso sí: el hecho obligó a que dejara su poltrona en Hermosillo el dirigente estatal Rogelio Díaz Brown y se apersonara en las oficinas locales para encabezar el control de daños, lo que para algunos priistas no pasan de ser pedradas al matorral cuando el conejo ya se peló, porque desde hace buen rato debió venir, de perdida para sacudirle al tricolor las telarañas.

El asunto es que en via de mientras, el profesor Ramón Quiñonez fue designado para entrar como emergente con carácter de delegado municipal con facultades de presidente, y eso sí, endosándole veladamente la bronca de pegarles una corretiza judicial a los que se fueron, porque según esto, prácticamente saquearon las oficinas antes de salir en tropel para arrojarse en brazos de Beto Vázquez.

El lapidario juicio previo fue que, “además de traidores salieron rateros”, pues según el arqueo inicial, los encabezados por Julio César Amparán vandalizaron las instalaciones y desaparecieron equipo de sonido, impresoras y propaganda variada de la alianza PRI-PAN-PRD.

Seguramente que una vez pasada la tracatera de la contienda electoral las cosas no irán a mayores, como suele suceder, pero como ahorita se trata de toma y daca, cada quien se llevó lo suyo: a Díaz Brown le tupieron los alzados acusándolo de abandonar al partido a su suerte y éste les reviró con los remoquetes de “ingratos, mentirosos, traidores y rateros”, con la amenaza añadida de que los perseguirá penalmente.

Pues ¡tómala! ¡Estaba bonita la “familia”!

Lo paradójico es que aun con el discurso triunfalista de Díaz Brown respecto a que el PRI está unido, fuerte, blindado contra ingratitudes y bla, bla, la reunión tenía más visos de la pesadumbre propia de los velorios, hasta que apareció ahí Ramón “El chavalo” Díaz, cuya sola presencia levantó los ánimos de los asistentes.

¡Qué tiempos: un panista animando a los priistas!

El hecho vino a confirmar la percepción que priva entre muchos aliancistas, de que al “Chavalo” le están dejando el paquete de sacar la elección prácticamente solo, pues por lo menos del lado priista, siguen adoleciendo de lo que años atrás les dio contra el suelo: presumen de traer puros generales, pero no de fajarse en las calles con la tropa.

En esas anda la candidata a la diputación federal por el séptimo distrito, Lupita Soto Holguín, a quien no se le ve para cuándo arrancará, porque nomás no muestra ni talacha ni discurso y mucho menos jalón con la gente.

Muestra de ello fue el mismo acto de desagravio encabezado por Díaz Brown en el PRI, a donde llegó prácticamente sola. Si a eso se le suma que ella es originaria de la plaza y que además fue nominada por el tricolor, salen muy pobres las cuentas y sus expectativas de triunfo.

Por eso está generalizándose el sentimiento de que “El chavalo” no sólo trae encima su propia campaña por la alcaldía, sino que le echaron encima algunos fardos más, para que los cargue como peso muerto.

Malitos se van a ver los de la triple alianza si llega a darse el voto diferenciado, porque en un descuido sólo llega Díaz Nieblas, no nada más por un capital político que ya lo hizo diputado una vez y alcalde dos, sino porque le entiende a eso de gastar las suelas de los zapatos recorriendo el municipio de punta a punta, mientras otros sólo esperan cachar “elevaditos”.

Cuidado, pues.