¿En qué habrá estado metida la señora? – Lo que hay detrás de los homicidios en el estado

Gerardo Ponce de León Ramos / ReportesPDL

La mayoría de las veces el título va después del texto, esta ocasión fue al revés; hace un par de días asesinaron a una mujer en el Centro de Gobierno en Hermosillo, uno de los edificios más importantes del estado, y con ello trajo diversas reacciones del público:

-”¿Qué habrá hecho la señora?”
-”¿En qué estará metida?”
-”¿El que nada debe nada tema?”

Entre otras…

Citando y recordando al sociólogo Zygmunt Bauman: 

“La familiaridad con el mal no lo hace más comprensible, pero sí más tolerable.”

Cuando una persona es asesinada, especialmente una mujer, una parte de la conversación pública no gira en torno al crimen, ni a la impunidad; gira en torno a la víctima, a su vida privada, a sus decisiones, a sus posibles “errores”. Como si la muerte necesitara una justificación.

La brutalidad de los hechos se vuelve tan cotidiana que perdemos el asombro; la primera reacción colectiva pasa a criticar y señalar a la víctima, antes de detenernos a pensar en lo verdaderamente grave:

¿Cómo alguien entró a un edificio estatal armado, y con total libertad, le disparó a una mujer en la cabeza, y hasta el momento está libre?

El asesinato de una mujer en un espacio que simboliza al Estado no debería generar murmullos ni especulación moral. Debería prender todas las alertas, incomodar, indignar… Pero en lugar de eso, buscamos el otro lado de la historia, el que nos tranquiliza, el que nos permite pensar: “a mí no me va a pasar”

En 2025, igual que en años anteriores, Sonora volvió a escuchar una y otra vez historias de homicidios, feminicidios y personas desaparecidas: hombres, mujeres, niñas, niños y adolescentes. La violencia nos ha dejado de sorprender y se ha vuelto parte de lo cotidiano. Ya no reaccionamos con horror frente al crimen, sino con desconfianza. Así, la indignación se desgasta y el juicio termina ocupando el lugar de la justicia.

Y esto combinado con la poca eficiencia de las autoridades, nos hace creernos en un tipo de fiscal o Dios para determinar a quién si juzgar o a quién no.

Terminando el tema, me quedo con tres preguntas que todos nos la podemos hacer:
¿Hemos vivido así toda la vida?
¿En qué momento empezó a ser normal?

¿Qué historias permitimos escuchar?