Samuel Ocaña: cuando un sexenio trasciende su tiempo

Por: Jaime AG / Nuevo Sonora

La verdad, yo no viví el sexenio de Samuel Ocaña. No me tocó. Pero crecí escuchando hablar de él. Y no me refiero solo a referencias sueltas o comentarios al aire. Hablo de esas pláticas que se le van quedando a uno, de esos nombres que se repiten cuando se habla de una etapa importante para Sonora. En mi caso, mucho de eso me llegó por mi tío Feliciano Guirado, que a lo largo del tiempo, por retazos, me fue contando cosas de aquel gobierno, de la obra, del estilo de gobernar y de la huella que dejó Samuel Ocaña en el estado. También mucho de lo acontecido en ese sexenio me fue platicado por Nacho Lagarda, con quien me unen lazos y una afición compartida por el estudio de la historia.

Con los años, además de escuchar, fui leyendo. Revisé publicaciones, testimonios y referencias sobre aquel sexenio, y en todos aparecía una idea constante: la de un gobierno que dejó obra, instituciones y una visión de desarrollo que todavía hoy puede verse. Se habla de infraestructura, de presas, del impulso industrial, del fortalecimiento de espacios públicos y de instituciones que marcaron la vida cultural y educativa de Sonora.

Ahí están El Colegio de Sonora y Radio Sonora, ambos nacidos en 1982; el impulso a la lectura, a la cultura y al programa editorial del estado; la Casa de la Cultura; el CUM; la ruta que abrió la llegada de Ford a Hermosillo como emblema de una nueva etapa de industrialización para Sonora; el Centro Ecológico —fundado en su sexenio y hoy rebautizado con su nombre—; así como instituciones que siguieron marcando la vida pública sonorense, como el actual Instituto de Becas y Crédito Educativo, la hoy Universidad Estatal de Sonora y organismos de investigación como el CIAD. A eso se sumó obra hidráulica y de infraestructura para fortalecer la producción agrícola y el desarrollo regional, además de decisiones de hondo sentido patrimonial, como la entrega de la Casa Uruchurtu a la Sociedad Sonorense de Historia. Es decir, no solo se trató de gobernar el presente, sino de dejar bases materiales, culturales e institucionales para el futuro.

También hay un rasgo de Samuel Ocaña que me parece profundamente revelador: durante y después de su gobierno nunca permitió que se colocara una placa o cualquier otra referencia con su nombre para enaltecer su paso por el poder. No logró impedir, sin embargo, que fuera la propia sociedad sonorense la que terminara asignando su nombre a algunos edificios. Ese detalle retrata una forma de entender el servicio público desde la modestia y la sencillez, virtudes que hoy contrastan con la actitud de ciertos gobernantes más preocupados por su protagonismo personal que por la sobriedad que exige la función pública.

Por eso me dio gusto recibir la invitación para la presentación del libro Samuel Ocaña García, una biografía libre, de Ignacio Lagarda Lagarda. Porque, más allá del homenaje a una figura política, este tipo de trabajos también sirven para volver sobre una etapa que dejó marca en Sonora.

A nombre de la Fundación Samuel Ocaña, les hacemos llegar la cordial invitación a la presentación del libro “Samuel Ocaña, una Biografía Libre”, escrito por el historiador Ignacio Lagarda.

El evento se llevará a cabo el próximo miércoles 13 de mayo, a las 18:00 horas, en el Teatro de la Ciudad de la Casa de la Cultura.

Hoy, a la distancia de los años, todavía podemos ver parte de esa obra y de esas instituciones. Y eso, por sí solo, ya dice mucho. Porque, más allá de simpatías o diferencias políticas, hay gobiernos que se agotan en su tiempo y otros que dejan huella. En la memoria de muchos sonorenses, el sexenio de Samuel Ocaña sigue estando entre estos últimos.