Popularidad, credibilidad y realidad

Por: GUILLERMO VALDÉS CASTELLANOS

Alo largo de los más de dos años que lleva AMLO en la presidencia, uno de los hechos más analizados ha sido su elevada popularidad. Pasan los meses y el respaldo social a su persona —que no a los resultados de su gobierno— se muestra casi inalterable, al grado de que se ha convertido en una especie de verdad inmutable.

Pero ese hecho político ha provocado otro de consecuencias terribles, gobernar con un solo criterio de evaluación: la percepción social del Presidente. Que si la crisis económica desapareció un millón de empresas y 2.5 millones de empleos; que el mal manejo de la pandemia se ha traducido en cientos de miles de muertos, que su desprecio por las demandas del movimiento de las mujeres y de las víctimas de la violencia y muchos desastres más. Todo eso no importa; México se puede estar cayendo a pedazos, pero el Presidente sigue gozando una elevada popularidad.  

El antídoto al país cada vez más roto ha sido el discurso. Frente al descrédito de prácticamente todos los políticos y líderes sociales o empresariales previos a la 4T, la voz del Presidente se ha vuelto oráculo porque un sector amplio de la sociedad quiere creer en un futuro mejor y López Obrador tiene credibilidad (o eso se dice y también se cree). El caso es que mientras ese futuro se vuelve más lejano e imposible debido a que la realidad se mueve en la dirección contraria y grita otra cosa, el discurso presidencial tiene que fundarse crecientemente en dos aspectos. Primero, en los “otros datos”. AMLO miente cada vez más y con más frecuencia inventa cifras y hace promesas más irrealizables. Realidad y discurso operan en sentido inversamente proporcional. La razón es obvia. 

Segundo, el discurso tiene que ser cada vez más agresivo y descalificador de los críticos y opositores. Es necesario inventar, recalcar, exagerar su maldad excesiva, lo inconfesable de sus intereses y el daño que le provocan al “pueblo bueno” que desea ese futuro feliz. De esa manera, AMLO permanece como su único posible constructor, la única voz confiable. Respaldo por default. Hay que añadir que la oposición ha contribuido al desierto de narrativas sobre el país y a la inexistencia de otro discurso y de otro futuro creíble. No todo es mérito del Presidente.

Frente a estos hechos que forman parte del paisaje político y lo moldean, es importante conocer tres datos de la última encuesta de GEA-ISA que hoy se da a conocer. El primero. La popularidad no es inamovible. Cayó de 57 a 50 por ciento entre noviembre y marzo. Aún elevada, pero vulnerable al desastre de la salud, le economía y la violencia y, sobre todo, a la pérdida de credibilidad y esperanza.Porque el segundo dato relevante es el derrumbe de la gente que le cree todo. En marzo de 2019, 30 por ciento decía creerle mucho; dos años después, solo 13 por ciento lo hace, mientras quienes no le creen nada aumentaron de 16 a 31 por ciento en el mismo periodo. En cuanto a la esperanza de que México va por el camino correcto a construir un mejor futuro, hace dos años, 60 por ciento estaba convencido de ello, ahora únicamente 35 por ciento. Quienes piensan que vamos por el rumbo equivocado crecieron de 25 a 51 por ciento en el mismo lapso. Tercer dato negativo.

El desenlace de la relación entre realidad, discurso y popularidad no está escrito en piedra. Aún está por definirse y no necesariamente en el sentido que lo ha hecho hasta ahora. Pero es necesario que surjan otros discursos cargados de futuro y con credibilidad. https://www.milenio.com/opinion/guillermo-valdes-castellanos/doble-mirada/popularidad-credibilidad-y-realidad