¿Cuándo se supone que debemos alarmarnos?

Gerardo Ponce de León Ramos / Reportes PDL 

El día de ayer la alcaldesa de Bacanora venía rumbo a Hermosillo cuando un vehículo se le emparejó y abrió fuego. En el ataque murió su hijo, que conducía la unidad. La noticia se volvió nacional por lo que implica; una autoridad municipal agredida en carretera y su hijo asesinado.

La Fiscalía respondió rápidamente, dijo que no fue un atentado dirigido contra ella. Que todo apunta a un incidente vial que escaló por no querer dar paso. Casi como si se tratara de un accidente de tránsito que terminó mal.

Eso me hizo recordar lo ocurrido hace apenas tres semanas en Hermosillo, cuando una mujer fue asesinada en el Centro de Gobierno, uno de los edificios más importantes del estado. Ahí la narrativa fue distinta; se habló de un ataque directo. Alguien entró, disparó y se fue.

Entonces la pregunta es inevitable: ¿cuándo se supone que debemos alarmarnos? ¿Cuando la autoridad confirma que fue un ataque directo? ¿O cuando asegura que no lo fue?

Porque en los dos casos hubo armas de fuego en espacios públicos. En los dos casos alguien murió. Y en los dos casos, hasta ahora, no hay responsables presentados ni esclarecimiento claro.

Si es directo, parece un mensaje específico.

Si no lo es, parece algo circunstancial.

Aunque Sonora no esté en el epicentro de la violencia esta semana por la captura del “Mencho”, seguimos teniendo el primer lugar en homicidios dolosos. Mientras estos casos se acumulan y permanecen impunes, la discusión ya no es solo sobre cómo se clasifica un crimen.