Margarita relata que mientras recuperaban r3st0s hum4n0s en la parte baja de un predio de Zacapu, Michoacán, alcanzaron a ver humo saliendo de un cerro cercano así que decidieron subir para averiguar qué estaba ocurriendo.
Según su testimonio, encontraron un pozo de aproximadamente dos metros cubierto con láminas de fierro. Dentro había cenizas y fragmentos tan c4lcin4d0s que, asegura, al tocarlos podían deshacerse. Pero todavía faltaba lo más estremecedor.
Mientras los peritos tamizaban cuidadosamente la tierra y las cenizas, Margarita comenzó a observar pequeños dientes. Eran tan diminutos que tuvieron que conseguir una criba más cerrada para evitar perderlos.
Fue entonces cuando, según relata Margarita, un perito comenzó a mostrárselos uno por uno: “estos son dientes de leche”.
Margarita asegura que aquel momento la marcó más que cualquier otro hallazgo durante sus aproximadamente 15 años participando en búsquedas y apertura de f0s4s.
“He encontrado personas de mil maneras, pero creo que esto es lo más horroroso que yo he vivido”, relató.
Para ella, aquellos dientitos dejaron una pregunta… ¿Qué pudieron haber hecho esos angelitos para terminar ahí?
Margarita también ha planteado públicamente hipótesis sobre los gr4v3s d3lit0s que podrían existir detrás de lo encontrado.
Su testimonio es una escena difícil de borrar: madres buscadoras siguiendo una columna de humo, subiendo un cerro y terminando frente a un lugar que fue testigo de actos abominables.
Que Dios les conceda descanso y paz a todas las v1ct1m4s, y que sus familias puedan algún día encontrar las respuestas y la justicia que merecen.





































